-¿Dónde está?
- Allí, más adelante.
Me dice señalando con el dedo el
lugar. Agradezco la indicación y sigo
caminando, mi interlocutor se la da vuelta y vuelve por el camino que yo
acababa de dejar, no puedo recordar su rostro.
Llego a un lugar, una especie de
construcción metálica extraña, se asemeja bastante a un puente; miro a ambos
lados pero la inmensa estructura se funde con el horizonte.
Sin miedo atravieso la estructura
por uno de sus arcos, y allí lo veo, parado en el centro del amplio prado,
mirando al cielo.
Me acerco a él.
-¿Qué haces?
Le pregunto con curiosidad al
verlo allí.
-¿No lo ves? He aquí mi nuevo
proyecto, mi construcción. ¡Oh! tengo tantos planes, va a ser algo grande, ya
lo veras.
Me responde en un tono eufórico,
no puedo evitar sonreírle. En ese momento me percato en lo que hay detrás suyo,
impresionada veo como lo que yo anteriormente había confundido con una especie
de puente, era en realidad un estadio todavía a medio construir, en cuyas
esquinas ya alzadas empezaban a ser colocadas las gradas. Mi mente intenta averiguar
cuál sería el propósito de aquello, pero sin ningún resultado; era algo
demasiado grande para tratarse de un simple estadio común y corriente, como si
se tratase más bien de una muralla.
Vuelvo a mirarlo y hablamos, en
algún momento dado suelto una de mis típicas ocurrencias, él me mira y ríe, con
esa mirada suya en la cual suelta una pequeña risa mientras te mira con
ternura. Si supiera el efecto que eso causa en mí….
Ambos nos quedamos
momentáneamente parados sin decir nada y sin previo aviso, tal como tiene la
manía de hacer, se acerca y con una mano atrae mi rostro hacia el suyo hasta
juntar nuestros labios.
Me hace sentir tan indefensa, soy
incapaz de moverme.
Y entonces, vuelve otra vez a mi
esos recuerdos, esos que me torturaron durante tantos días, esos besos que
todavía tengo grabados a fuego en mí.
No comprendo por qué no es capaz
de darse cuenta del daño que provoca, o simplemente es que le divierte hacerlo.
Pero todo tiene un límite y…….
rompo a llorar.
Él aparta su cara de la mía y me
mira fijamente a los ojos.
Yo se que ha llegado el momento,
es algo que no puedo llevar más sobre mí, una carga que necesito liberar, por
que, hasta que no lo haga…… sé que no podré volver a amar a alguien nunca más.
A pesar del miedo que siento, es
algo que mi corazón necesita, una explicación.
Se lo digo.
Llegó la temible conversación.